Esto piensan de ti las PR0ST!TUTAS, desde ahora nunca pagarás una

Nosotras existimos porque hombres como tú sienten que tienen el derecho de satisfacer sus necesidades s3xua1es usando los orificios del cuerpo de otras personas.

Nosotras existimos porque tú y la gente como tú sienten que su s3xual1dad requiere acceso al s3x0 siempre que les apetece.

Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque te preocupan más tus propias necesidades sexuales que en las relaciones en las que tu sexualidad podría florecer de verdad.

Cuando compras s3x0, revelas que no has encontrado el corazón de tu s3xual1dad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el s3x0 consiste en 3yacu1ar en la [email protected] de una extraña.

Y si no hay ninguna a mano, no tienes que ir más lejos que a la esquina de tu calle, donde puedes pagar a una mujer desconocida para ser capaz de vaciarte en una goma mientras estás dentro de ella.

Qué hombre frustrado y lastimosos debes ser. Un hombre incapaz de crear relaciones profundas e ínt1mas, en las cuales la conexión sea más ínt1ma que tu eyacu1ación.

Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus cl1max, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus gen1tales para librarse de ellos. Qué masculinidad débil. Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por s3x0.

En lo que concierne a tu humanidad, creo en la gente de bien, incluido tú. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites.

Pero ¿sabes qué? Se llama evadir tu responsabilidad. No estás enfrentándote a la realidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no han sido compradas. No han sido forzadas a pr0stituirse.

Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o me diste un pequeño masaje antes del acto. No me hiciste ningún favor. Todo lo que hiciste fue confirmar que no merecía más. Que era una máquina cuya función primaria era dejar a los otros aprovecharse de mi s3xual1dad.

Tengo muchas experiencias en la pr0stituci0n. Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Ojalá hubiese podido evitar estas experiencias.

Tú, por supuesto, te consideras como uno de los clientes buenos. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas.

Sinceramente,

Tanja Rahm”

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